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Abril del 2006

MARIELA MORENO dibujos para el libro

Por alejorives - 27 de Abril, 2006, 15:55, Categoría: el ojo del bandoneón

EL OJO DEL BANDONEON tango en 4 actos

ACTO 1: visión matinal

ACTO 2: libro de las noches

ACTO 3: supermercado carta

ACTO 4: tango final

TODAS LAS ILUSTRACIONES REALIZADAS POR Mariela Moreno

EL DIA ES UN ANIMAL

Por alejo rives - 27 de Abril, 2006, 11:41, Categoría: el ojo del bandoneón

el día es un animal

nos busca para asesinarnos

el día está tras de nosotros

pero nadie puede alcanzar al tiempo

ni siquiera el día con sus religiones.

Ilustración de tapa: Silvio Campillay (ver blog del ilustrador)

más poemas de EL OJO DEL BANDONEON

esquina de villa krause

Por adrian - 26 de Abril, 2006, 15:08, Categoría: FOTOS

un trago de...

Por adrian campillay - 25 de Abril, 2006, 14:59, Categoría: VISUALES

dibujo del autor para el libro: CARNE DE CAÑON (inédito)

LIBRO DE MAR (tapa)

de LIBRO DE MAR (2005)

Por alejorives - 25 de Abril, 2006, 14:40, Categoría: libro de mar

los espíritus anclados en mí,

reclaman un significado.

busco en la noche del cuerpo

inútilmente

manos

para construirlo.

su lluvia sucede en lugar

donde tormentas no perdonan

no sirven gestos

y pierden su valor las palabras.

sin embargo escribo.

cada letra es una persona

separada de la   r e a l i d a d .

como todos sucedo en un tiempo inútil

pero el amor hace todo necesario.

SIMULTANEO

Por alejorives - 25 de Abril, 2006, 14:07, Categoría: poemas de amor para ser mordidos

En el mismo momento en que —preso de tu nacimiento, indagado en mi centro, tendido en mi imagen, descorazonado y suspendido en el transcurso de los autos, los pensamientos, las preguntas, la fila de cadáveres— me pregunto sobre el destino de las palabras. Digo, los nombres. Digo, la risa. La enorme bola grasienta de las ciudades está a punto de rodar sobre las frágiles alas de los ángeles, los enfermos, los tristes, los locos. Y en ese momento somos, como rosas protegidas, invisibles al tacto, o como niños que no saben van a morir.

Bajo la mesa en ciudades devastadas por el fuego, la guerra y la peste. A un lado los cadáveres. Al otro las almas. La mesa de disecciones de la mente. Aún en contra de nuestras socavadas voluntades la operación se realiza con exactitud. No importan unas cuantas bombas, ni los trozos de brazos y piernas desparramados en el patio principal del mundo. Tampoco si en ese mismo momento se me ocurre nada ha permanecido demasiado detenido pero tampoco se ha movido realmente después de tanta destrucción, muerte, enfermedad, odio y agonía. Porque en el mismo momento en que no permito moverme dentro de mis pensamientos, construyo una fotografía de mis miedos o me arranco los vestidos a jirones en el espejo de los poemas, no puedo detenerte dentro de mí.  Te has echado a andar, y aunque el viaje terminara continuarías allí, transcurrirías en la sombra y en la luz, avanzando como el verano, en el torrente enloquecido de la sangre, en el río interior de los árboles y en la corriente abismal de los ojos.

Soy una mariposa ciega.  Hermoso.  En el espejo no veo sino con los ojos cerrados. Transcribo la emoción como un monje.  Visito tu casa;  te encuentro mirando por una de sus ventanas y describo lentamente los movimientos y la música que exhalan esos movimientos. Tu respiración, tu paz me pertenece. Mas no como cuando se es dueño de un reloj, y en algún momento se detiene, sino como cuando se ha visto pasar el día a través de un cristal tan limpio, delgado y real, que la vida palpable se transforma hasta esfumarse y desaparecer para siempre.

El árbol donde nos reímos, está riendo todavía.  Ahora lo sé, hay algo de misterio y tragedia en la continuidad herida del amor. Te amo para siempre, comprendo, no existe otro modo de amar; no hay parada final ni estación que no esté movida por tormentas, por guerras y explosiones constantes. Por nacimientos y muertes y que se hacen a sí mismos como edificios locos, ladrillo sobre ladrillo y también inmensas e innumerables ventanas, corredores, puertas interiores y hacia otros espacios.

El lado animal de la eternidad.

La permanencia de la furia en el fondo de las cosas, aunque estén hechas de pedazos humanos.

El barro ríe ante la boca devoradora de la lluvia, al internarme en tu vida descubrí el tiempo filoso cincel y va tallando los segundos para siempre. En la invisibilidad que se expande para habitar la totalidad abrir el corazón para respirar en medio de la tragedia que ocurre al oír la propia música o en la soledad maravillosa de los encuentros.

Tu nombre va tallado, como digo, en el preciso instante en que dejo de pensar para ocupar toda tu extensión. Por eso al salir de esas imágenes, al obrar en el terreno movedizo, en la sombra constante de la aldea que como una extensión inhumana sobreviene, gira y se hunde: se ve a la muerte trabajar. Miras esos rostros que han sido vomitados en espejo que jamás ha visto en verdad, como no han visto ellos sus rostros en él, y no por haber tenido los ojos demasiado abiertos como suele suceder, sino por haber estado siempre muertos.

Entonces te imaginas una vida más rica. Constantemente agazapada y liberada a la vez. Cuando me imagino en esa vida con vos, es como si entrara en una enorme sala desierta, en donde pudiera inventar cualquier cosa, cualquier emoción. Ya no importa el destino del viaje, ni tan siquiera la sala de la creación, la vida es lo único real, el deseo es la única verdad y es la verdad de la alegría y la verdad del dolor y la verdad de la imaginación.

El único error, lo constituyen las palabras.

Adrián Campillay (de POEMAS DE AMOR PARA SER MORDIDOS)

Ilustración de tapa: Silvio Campillay (ver blog del ilustrador)

CREEME

Por alejorives - 25 de Abril, 2006, 13:44, Categoría: las flores secretas

Lleno de pájaros      Arthur Rimbaud

pasó la noche en mi cuarto casi sin reír.

Le faltaba una pierna y no sabía que hacer

—no tenía dinero para una cerveza—

Telefoneó a Londres pero Verlaine

no estaba allí

y se puso triste

muy triste

tan triste

que escupió una sortija

como el anillo del Capitán Beto.

Más tarde los árboles se pusieron azules —la calle murmuró—

y la lluvia hizo crecer plantas extrañas y mágicas con grandes hojas

                                —de las tapas de los libros, del fondo de las botellas—

de esas que tanto gustan a Arthur Rimbaud

—según me dijo—

A las seis de la mañana

preguntó donde estaba el baño

                                —en francés lo hizo, mientras se ponía verde—

se llevó mi pipa

y en el medio de una gran bóveda de electricidad

se fue con los pájaros de las ventanas

sin decir palabra se fue                                                     sin dejar rastro.

poema extraído de LAS FLORES SECRETAS (1989/1991)

más textos de Adrián Campillay en EL MOMO poesía  y/o  EL OJO DEL SUR POESIA

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